Un caso sencillo



                                               

el viajero




Te acompañaban siempre los violines.

Tus poemas estaban en ti como los peces

en el fondo de un río.




Eso es lo que vi en ti:

peces en el desierto,

música amenazada.

Te vi hacer bosques y subir montañas,

te vi cavar abismos con tus manos.

No supe dónde ibas.




Te vi buscar la sombra entre la luz,

te vi buscar la muerte entre la vida,

y no pude entenderte.




Yo no sé qué has ganado, pero sé qué has perdido:

tu música,

tus peces,

tus montañas azules.




No puede ser feliz quien entierra un tesoro.

No puede ser feliz

quien envenena el agua de su vida.


Benjamin Prado

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