no hay dos sin tres
Coque malla en una de sus canciones "lo intenta" cuenta una historia, bonita-triste.
"Ella paseaba siempre en globo, y coleccionaba nubes. Él, sin embargo, disparaba a los extraños y regentaba un burdel abandonado.
Los dos habían dado la vuelta al mundo, pero en direcciones opuestas. Y, cuando sus espaldas se encontraron, supieron que el viaje había terminado.
Hablaban un extraño y antiguo idioma que nadie había oído jamás. Es posible que ni siquiera ellos... Pero, cuando se miraban a los ojos, las palabras, convertidas en pequeños y malignos duendes, les susurraban al oído su propio significado. Y entonces reían, y reían, y reían... Nadie era capaz de pararlos. Ni los trenes de mercancías, ni los semáforos en verde, ni los gritos de auxilio, ni las mujeres embarazadas, ni los abogados en paro. Ni siquiera los esposos celosos. Reían, y reían, y reían...
Ella habló de tristeza. Él lo entendió todo. Ella bajó la mirada. Él borró sus huellas. Se escondieron, pasaron hambre, temblaron de miedo al oír la tormenta acercarse más rápido de lo previsto, y supieron que al fin del mundo llegarían mañana.
Entonces, él le cogió una mano, la miró a los ojos, y le dijo: "Gracias. Adiós.".
"Ella paseaba siempre en globo, y coleccionaba nubes. Él, sin embargo, disparaba a los extraños y regentaba un burdel abandonado.
Los dos habían dado la vuelta al mundo, pero en direcciones opuestas. Y, cuando sus espaldas se encontraron, supieron que el viaje había terminado.
Hablaban un extraño y antiguo idioma que nadie había oído jamás. Es posible que ni siquiera ellos... Pero, cuando se miraban a los ojos, las palabras, convertidas en pequeños y malignos duendes, les susurraban al oído su propio significado. Y entonces reían, y reían, y reían... Nadie era capaz de pararlos. Ni los trenes de mercancías, ni los semáforos en verde, ni los gritos de auxilio, ni las mujeres embarazadas, ni los abogados en paro. Ni siquiera los esposos celosos. Reían, y reían, y reían...
Ella habló de tristeza. Él lo entendió todo. Ella bajó la mirada. Él borró sus huellas. Se escondieron, pasaron hambre, temblaron de miedo al oír la tormenta acercarse más rápido de lo previsto, y supieron que al fin del mundo llegarían mañana.
Entonces, él le cogió una mano, la miró a los ojos, y le dijo: "Gracias. Adiós.".
En esos ojos estaba todo.
La admiración y la fascinación que habia alimentado su amistad, llena de complices miradas.
la fiera se domesticó..
Katherine fue una mujer que sabia lo que queria y que antepuso sus objetivos a cualquiera de sus relaciones...hasta que conoció a Spencer Tracy, en ese momento se domesticó. Y no solo se domesticó sino que consciente de ello,era feliz.
La conversación que mantuvieron al conocerse es una perfecta definición de lo que fue el romance entre Katharine y Spencer. "Me parece, señor Tracy, que es usted demasiado bajito para mí", le dijo ella. Josep L. Mankiewicz, que les estaba presentando antes de rodar La mujer del año, fue quien le dio la réplica: "No te preocupes, Kate, Spencer te humillará hasta rebajarte a su altura". Hablaba de cine, por supuesto, pero sentó las bases de la relación que mantendrían durante los siguientes 25 años.
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