Sin favor

Mis padres me enseñaron a pedir las cosas por favor y dar las gracias después.

Yo seguía pensando que eran palabras mágicas que abrían puertas, y que encendían sonrisas pero a veces los por favores no son suficientes, porque no se escuchan o simplemente porque detrás de las puertas no hay nadie.

Llevo un colgante conmigo desde hace dos años nunca me lo quito ni siquiera para ducharme, hoy se me ha roto. No soy amiga de joyas, he perdido decenas de pendientes, pero ese cristal me encantaba, nunca pensé que se rompería. Si pudiera, hubiese dicho un; por favor no te rompas y después habría suspirado; gracias...pero no ha habido ocasión.

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