sol.la.mi
"Lo que hay en esta Música es la Mezcla perfecta de la Añoranza con el
Anhelo, y lo esperado con lo olvidado. Dejar de ser cuerpo para ser Espíritu
Eternamente y para Siempre. "
Trabajé esta obra hace dos años, no llegué a tocarla nunca bien, siempre había algún pasaje que se quedaba cojo...me dolía tocarla.
Esta mañana me he levantado sobresaltada por un sueño y...
Trabajé esta obra hace dos años, no llegué a tocarla nunca bien, siempre había algún pasaje que se quedaba cojo...me dolía tocarla.
Esta mañana me he levantado sobresaltada por un sueño y...
he recogido todo lo que me quedaba
no hay dos sin tres
Coque malla en una de sus canciones "lo intenta" cuenta una historia, bonita-triste.
"Ella paseaba siempre en globo, y coleccionaba nubes. Él, sin embargo, disparaba a los extraños y regentaba un burdel abandonado.
Los dos habían dado la vuelta al mundo, pero en direcciones opuestas. Y, cuando sus espaldas se encontraron, supieron que el viaje había terminado.
Hablaban un extraño y antiguo idioma que nadie había oído jamás. Es posible que ni siquiera ellos... Pero, cuando se miraban a los ojos, las palabras, convertidas en pequeños y malignos duendes, les susurraban al oído su propio significado. Y entonces reían, y reían, y reían... Nadie era capaz de pararlos. Ni los trenes de mercancías, ni los semáforos en verde, ni los gritos de auxilio, ni las mujeres embarazadas, ni los abogados en paro. Ni siquiera los esposos celosos. Reían, y reían, y reían...
Ella habló de tristeza. Él lo entendió todo. Ella bajó la mirada. Él borró sus huellas. Se escondieron, pasaron hambre, temblaron de miedo al oír la tormenta acercarse más rápido de lo previsto, y supieron que al fin del mundo llegarían mañana.
Entonces, él le cogió una mano, la miró a los ojos, y le dijo: "Gracias. Adiós.".
"Ella paseaba siempre en globo, y coleccionaba nubes. Él, sin embargo, disparaba a los extraños y regentaba un burdel abandonado.
Los dos habían dado la vuelta al mundo, pero en direcciones opuestas. Y, cuando sus espaldas se encontraron, supieron que el viaje había terminado.
Hablaban un extraño y antiguo idioma que nadie había oído jamás. Es posible que ni siquiera ellos... Pero, cuando se miraban a los ojos, las palabras, convertidas en pequeños y malignos duendes, les susurraban al oído su propio significado. Y entonces reían, y reían, y reían... Nadie era capaz de pararlos. Ni los trenes de mercancías, ni los semáforos en verde, ni los gritos de auxilio, ni las mujeres embarazadas, ni los abogados en paro. Ni siquiera los esposos celosos. Reían, y reían, y reían...
Ella habló de tristeza. Él lo entendió todo. Ella bajó la mirada. Él borró sus huellas. Se escondieron, pasaron hambre, temblaron de miedo al oír la tormenta acercarse más rápido de lo previsto, y supieron que al fin del mundo llegarían mañana.
Entonces, él le cogió una mano, la miró a los ojos, y le dijo: "Gracias. Adiós.".
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